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El análisis de coyuntura, una herramienta de los movimientos sociales

marzo 23, 2009

asamblea1Martín González / 20 marzo 2009

El presente ensayo crítico consta de tres apartados o capítulos: Análisis coyuntural y Sujetos rebeldes; La democracia que se construye, frente a la democracia ¿qué crece?; y Contra la estrategia aplanadora instrumentada en el Sur de Jalisco. Expone elementos y características del Análisis de Coyuntura, pero él mismo pretende ser un análisis coyuntural desde el Sur del Estado de Jalisco.

Análisis coyuntural y Sujetos rebeldes

“El problema de las relaciones entre la estructura y las superestructuras

es el que hay que plantear y resolver exactamente para llegar a un análisis acertado de

las fuerzas que operan en la historia de un cierto período, y para determinar su correlación”.

(Gramsci)

El análisis de coyuntura es un modo de revisar la realidad, por eso es una práctica de las más necesarias para los sujetos de las organizaciones básicas, de los movimientos sociales y las sociedades en movimiento que buscan transformar la sociedad; para quienes ya “no se trata de reconstruir la historia pasada, sino de construir la presente y la futura” (A. Gramsci). Es mirar hasta el fondo -sin engaños ni apapachos- el rejuego de fuerzas económicas-políticas-sociales favorables y desfavorables puestas en acción en un momento y lugar determinado, para entonces ejecutar las acciones más contundentes que enfrenten y abran escenarios aún más favorables para los de abajo, en el mismo proceso de transformación social. Quiere decir que la coyuntura no es algo ajeno y que determina totalmente a las gentes, sino que los sujetos sociales también son los que abren coyunturas con la determinación y contundencia de las acciones desempeñadas.[1] Este tipo de análisis tiene una parte inmediata y cotidiana, y otra parte técnica y sistemática.

Tal como el análisis de coyuntura que hizo -en su tiempo y a su modo- don Margarito en la localidad de Atequiza, Jalisco, y que es uno de los “Testimonios” que recientemente recuperó Luis Sandoval Godoy. “Sabe que sucedió esto: ya no le daban trabajo a la gente. Y ahí andan las familias casi muriéndose de hambre. Pos sin trabajo, oiga, ni por donde ganar algo, lo que fuera, siquiera para comprar un puño de maíz para echar una gorda (…) No, pos, aí échele cómo andaría aquella gente. La gente sufría hambre, le digo. ¿Usted sabe lo que es tener hambre y oír el chilladero de los hijos pidiendo de comer, y no tener una mugrosa tortilla que darles?”. De ese análisis sacó la determinación siguiente: “Yo dije: haber en qué topa. Les hablé a todas las gentes para hacer una junta. De ahí comenzó todo el movimiento… No era una cosa de un pleitecito así nomás. Yo desde antes les demostré a los ricos que estaba del lado de la justicia”. Luis Sandoval Godoy concluye que, “el de Don Margarito es un testimonio valioso que debe ser escuchado y analizado atentamente… Quizá no se encuentren muchos viejos ahora que se atrevan a hablar como él”.

O como el otro análisis que hace Emiliano Zapata en la obra literaria de José Revueltas titulada “Tierra y Libertad”. Emiliano tiene las pruebas documentales del  continuo despojo padecido por la comunidad de Anenecuilco, Morelos, de parte de las haciendas de Mapastlán y Hospital; al igual que todo el pueblo, sabe del Negro Palafox que anda “prestando servicio” al ejército, pero que en realidad es un “guardatierras de Mapastlán”; conoce en carne propia y siente la impotencia ante los actos de leva y asesinato con la “ley fuga” ejercida contra la parte más joven de su comunidad… y ante cinco paisanos asesinados en amañada leva, Emiliano baja de su yegua, se inclina sobre el primer joven muerto y lo sostiene entre sus brazos. “Permanece mirándolo con una intensidad casi sobrehumana, los ojos endurecidos como si se tratara de dos pedazos de obsidiana”. Entonces, con una voz sorda exclama su juicio conclusivo: “Han querido hacer con Anenecuilco el más injusto escarmiento, nomás porque este año cultivamos la tierra que es nuestra… Mentira que el gobierno esté aparte de los hacendados y de los ricos: todos se hacen una pa´fregar al pueblo”. Y a las mujeres llorosas termina por decirles: “¡No hay que suplicarles ni pedirles nada mujer! ¡Váyanse mejor a prepararles un itacate pa´l camino! ¡Ándele!”.

Entre diciembre de 1851 y marzo de 1852, Carlos Marx también analizó la coyuntura de Francia en su obra “El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte”. Ahí comprueba que las concesiones liberales y los derechos de los obreros fueron derrumbados por ese jugador tramposo que fue Luis Bonaparte. Que un proceso de revolución proletaria había sido revertido en una revolución burguesa. Y que la espera de la elección del segundo domingo de mayo de 1852, cual acto mágico que por sí mismo cambiaría todas las cosas, era una fantasía con efectos milagrosos impuesto sobre las cabezas de las gentes. “La debilidad había ido a refugiarse, como siempre, en la fe en el milagro” electoral. Lo electoral y la proclamación de leyes, se habían impuesto a condición de mandar al movimiento obrero -con la más cruda represión- a segundo plano en el teatro social. Detrás de esto, se implementaron créditos baratos y hasta regalados para los obreros, junto con el cíclico “estado de sitio” o toques de queda. Lo electoral alienta a todos a participar en una “lucha ficticia”, que oculta la verdadera lucha cotidiana por la sobrevivencia; y cuando esa “lucha” electoral avanza más de su tiempo, se buscan apaga-fuegos para frenarla de inmediato. “Cada partido da coces al que empuja hacia delante y se apoya en las espaldas del partido que impulsa para atrás. No es extraño que, en esta ridícula postura, pierda el equilibrio y se venga a tierra entre extrañas cabriolas, después de hacer las muecas inevitables (…) Sin embargo, examinando más de cerca la situación y los partidos, se esfuma esta apariencia superficial, que esconde la lucha de clases y la peculiar fisonomía de este periodo”. De hecho, “el interés material de la burguesía francesa está precisamente entretejido del modo más íntimo con la conservación de esa extensa y ramificadísima maquinaria del Estado”. Por eso, las discrepancias entre políticos y partidos, no son más que los pleitos de las sirvientas de Francia ante un mismo patrón capitalista. Bonaparte y Changarnier, por ejemplo, son “las criadas políticas de Francia [que] barren la ardiente lava de la revolución con las viejas escobas, y se tiran del moño mientras ejecutan su faena”. Su conclusión más contundente es que los movimientos sociales subalternos o proletarios, se han equivocado en su estrategia ante el Estado: “Todas las revoluciones han perfeccionado esta máquina, en lugar de romperla“. Sin embargo, en algún momento, “el sufragio universal sólo pareció sobrevivir un instante para hacer su testamento de puño y letra a los ojos del mundo entero y poder declarar, en nombre del propio pueblo: ‘Todo lo que existe merece perecer’”.

Ante estos ejemplos podemos concluir, que el análisis de coyuntura va al fondo de las relaciones y contradicciones entre las fuerzas sociales existentes y sus proyectos que buscan imponer. Es un análisis que desnuda los sujetos, instituciones y organizaciones (gobierno-ricos-hacendados; elecciones-políticos-partidos-Estado) en su más descarado papel social, con relación a las gentes, pueblos y sectores populares: a los que buscan perfeccionar la maquinaria del Estado, que están del mismo lado, sirvientas que se desmoñan por la reproducción del sistema capitalista. El análisis de coyuntura contribuye a las acciones más claras y contundentes que realmente propician la transformación social e impiden la enajenación, manipulación y coacción de los sujetos sociales emergentes. Es decir, para que los sujetos de los movimientos sociales no bailen al ritmo y música que los de arriba imponen, sino bajo el propio ritmo salido del tiempo y espacio de la organización. El análisis de coyuntura capacita para desnudar y romper el reloj de arriba, para decidirse y avanzar con el diminuto -pero constante- reloj de los de abajo. ¿Cuál es ahora el reloj, el tiempo, la verdadera coyuntura de los movimientos sociales y las gentes de abajo? ¿Y cual es la coyuntura que los de arriba y sus “criadas desmoñadas” pretenden imponer a los movimientos y gentes? ¿Cómo safarse de la coyuntura de arriba, y cómo decidir y avanzar en la coyuntura de los de abajo?

 

La democracia que se construye, frente a la democracia ¿que crece?

“El tiempo [de arriba] es esa inquietud absoluta, el fuego que consume todo” (Hegel)

El apresurado y ensordecedor bombardeo para enrolar las gentes en el crecimiento de la democracia, que como vara mágica hará crecer a todos,[2] esconde la reducida dimensión de que se refiere sólo a la democracia electoral y partidista y todos sus inmediatos interesados. Al empadronamiento, campañas, voto depositado en unos cuantos minutos dentro de una urna mucho más pequeña que una casa, con mayor evidencia más pequeña que un barrio, colonia, rancho y ciudad. Realmente no cabe todo esto en esa urna.

Y sin embargo, que exige atención y dedicación; ofertas, manipulación y acarreo. Admite y justifica: la división y fragmentación social en colores y divinos designados a los que se les prepara el terreno y las gentes; funcionarios, puestos y gastos desmesurados; incremento y concentración de ganancias en los dueños de los medios de difusión, ante la precaria situación de las mayorías; actos de prepotencia, mentira, engaño y desprecio. Y que consigue la distracción de sus acciones más trascendentes y efectivas, de parte de las organizaciones populares y movimientos sociales durante seis meses o más tiempo. Y aun así, la democracia electoral y partidista decrece, tanto en atracción como en números totales de participación.[3]

Pero sobre todo, el repetitivo y exigente llamado a “crecer” la democracia electoral, oculta tras una gruesa cortina de humo que más allá de ella también hay democracia. Es la democracia que no se espera hasta que crezca, sino que se construye a la voz de ya, en el acto mismo de la organización y acción popular para resolver las apremiantes necesidades. La democracia que produce satisfacción inmediata y alegría por el restablecimiento de los lazos sociales y familiares. La democracia en acto que demuestra y desdobla la capacidad y potencia de los sectores populares para vencer obstáculos, problemas y resistencias.

Es la democracia que se construye cuando, por propia iniciativa los vecinos de un barrio se convocan y reúnen, y juntos deciden cocinar la “olla semanal”; la comida comunitaria para que entre todas las familias se den el sustento y nadie se muera de hambre. Cuando varias familias se comunican la necesidad de vivienda y juntas se organizan y resuelven con sus propias manos ese derecho fundamental, y después se convierten en una organización regional independiente. Cuando la pandilla, los cuates, el colectivo de jóvenes deciden emprender una actividad conjunta y los ingresos son distribuidos de manera equitativa entre todos. Cuando el ejido, a pesar de tener ya tierras individualizadas, deciden sostener el trabajo en común bajo la regla de “cada quien según su capacidad, pero a cada quien según su necesidad” y así consiguen sobrevivir durante ya casi un año. Cuando en una vecindad, en asamblea deciden y ejecutan la acción de siembra en común de hortalizas, rotándose el trabajo, para luego distribuirse los productos según la necesidad de cada familia, abaratando así la vida y consiguiendo la sobrevivencia de todos. Cuando en un departamento o en toda la fábrica, los trabajadores se juntan y deciden enfrentar en colectivo las crecientes amenazas y violaciones a sus derechos laborales. Cuando en el rancho deciden romper con el dominio del dinero, y una parte de lo que cada familia sabe y produce la disponen para la reciprocidad, el intercambio equitativo que hace circular lo necesario entre todos (guaraches, mesas y sillas, maíz, frijol y chile, tomates, sandía y melón, queso y panela, tortillas, ollas y jarros, etc.), y luego construyen una red equitativa de distribución regional. Cuando toda una comunidad se reúne y organiza para defender y decidir sobre sus tierras, bosques y agua, realizando cuidados y trabajos ya sin las malas y desastrosas ingerencias externas.

Todo esto quiere decir que la democracia no crece, sino que la democracia se construye y demuestra en cada acto cotidiano que la ejecuta; la democracia se instaura y ejerce o no. Que la democracia -verdad de Perogrullo- tiene que ver con las determinaciones asumidas valerosamente por el pueblo. Que la democracia es meta, pero también camino: acto democrático que actualiza la meta y meta democrática que cuestiona y empuja al acto. Aspecto importante, que la democracia nunca está sola, sino que se acompaña de justicia y libertad. O sea que la democracia, que en su verdadera raíz se refiere al pueblo que toma en sus manos su vida, desplegando sus capacidades y potencias para resolver sus necesidades y anhelos de manera colegiada y consensuada (demos-cratos, poder del pueblo), siempre se relaciona con la distribución justa de su producción y resultados, y con la libertad-autonomía-independencia de su organización popular; al margen y defendiéndose de todo poder-sobre y ajeno a la organización.

La democracia que se construye cotidianamente por el pueblo, y en muchos casos ya de manera prolongada, tal vez no haga “crecer” la democracia electoral y partidista, pero no por eso es de menor valía. Seguro que en ésta democracia que se construye no corre la desmesurada derrama económica, los aplausómetros, las luces y el oropel de aquella; y sin embargo cuántos y qué buenos resultados está demostrando. Sobre todo en la “dicha” colectiva y popular organizada que, según Federico Nietszche, es “la sensación que experimentamos cuando la potencia crece, cuando nos percatamos de haber superado una resistencia” con los recursos y capacidades de la misma gente de abajo; sin dádivas ni condiciones, sin controles externos ni supervisores, sin padrinos ni patrones, sin dirigentes, vanguardias ni intermediarios. Por supuesto que la democracia que el pueblo construye, tiene otro tiempo y espacio que el de la democracia electoral y partidista.

La democracia que se construye por el mismo pueblo, debe valorarse tanto o más que la democracia electoral y partidista. Ya las mismas gentes lo decidirán. Pero eso sí, ahora exige el impulso decidido, con nuevas y diversificadas experiencias, de todos los sectores populares y desde sus propios espacios de vida. Además, requiere el respeto y defensa de parte de todos los que dicen valorar y anhelar un sistema social realmente democrático. Esta es la actual coyuntura más honda, que se vislumbra y esclarece desde las organizaciones, movimientos y sectores populares del sur de Jalisco. No se trata de hechos consumados o inevitables, sino de tendencias que pueden ser frenadas y revertidas a partir de distinta acumulación de fuerzas. Entonces, tienen la palabra y acción los núcleos, grupos, clases, sectores, organismos y movimientos populares.

 

Contra la estrategia aplanadora instrumentada en el Sur de Jalisco

“El sufragio universal debía servir al pueblo constituido en comunas” (K. Marx)

“La lucha del proletariado no es sencillamente una lucha contra la burguesía por

el Poder del Estado, sino también una lucha contra el Poder del Estado mismo”

(Antón Pannekoek)

Reconozcamos con John Holloway que todos “somos un sujeto dañado, porque nosotros reproducimos la propia relación del capital y todas sus consecuencias”: en la propiedad, la producción, las relaciones sociales y formas de organización. Y para “romper esa relación necesitamos que nos escuchemos y que pongamos en cuestión todas nuestras ‘verdades reveladas’, que obnubilan el juicio crítico”. Que analicemos la “forma Estado” que como torbellino estatista nos atraviesa y conforma hasta en el pensar y actuar organizativo, y que ha constituido la causa principal de muchas de nuestras derrotas.[4] Cosa que, según R. Gómez Mederos, puede desarmarse “su lógica, apelando a la sabiduría de los pueblos, a la indivisibilidad y la dispersión que es lo que la hará mas vulnerable”. Eso es lo que alienta el presente ensayo de análisis crítico: externar, dialogar, sacar a la luz para aclarar el camino y aclararnos en lo que pensamos y hacemos.

“Otra visión del mundo es posible” ha dicho también Luis Villoro, pero para que eso suceda, primero tendríamos que “despertar de la ilusión”, “abandonar la ficción” en que vivimos y actuamos. Sacudirnos la dominación interiorizada, descrita con crudeza en la novela “Las cosas” de Georges Pérec: “Querían la superabundancia. El enemigo era invisible. O mejor dicho, estaba en ellos, los había podrido, gangrenado, destrozado. Pequeños seres dóciles, fieles reflejos de un mundo que se reía de ellos”. Intentemos superar ésta situación ahora.

1. Cornelius Castoriadis ha fundamentado que “vivir en un régimen en el que todas las preguntas pueden ser planteadas, eso también es el régimen democrático… Semejante institución, en la que todas las preguntas pueden ser planteadas, donde ninguna posición ni status están determinados o garantizados de partida define la democracia como régimen”. Hasta poner en discusión los puntos que, como dogma, los grupos de poder también esconden y defienden a capa y espada. Entonces estamos autorizados para hacernos las simples y llanas preguntas de ¿qué tan bueno es eso de las elecciones? ¿Quién las decide, reglamenta y formaliza? ¿A quienes realmente benefician las elecciones? ¿Para qué ocupan entonces a la gente? ¿Qué tanto sirven para transformar la sociedad? ¿Cómo están afectando a los movimientos y organizaciones populares de la región? ¿Qué relación tienen con la diversificada estrategia implementada después del año 2000 en el Sur de Jalisco? ¿Hay alternativa ante las elecciones, los partidos políticos, el Estado y el capitalismo?

2. Aunque en un momento pareciera que las elecciones son una conquista popular para producir un cambio de régimen, es en la coyuntura y sus resultados cuando éstas muestran su auténtico origen y sus funciones. Son fruto del encubierto -y a veces descarado- matrimonio entre el sistema de poder (o sistema político) y el sistema económico capitalista. Como bien se dice, “hija de tigres, pintita”. Así, las cíclicas acciones y efectos de las elecciones y los partidos sobre los sectores, organismos y movimientos populares, son semejantes y complementarias a las continuas acciones y efectos del sistema político (gobierno, estado), y el mercantilista y depredador sistema capitalista (fragmentación, dependencia, verticalismo). Pero, de manera específica, actualmente las elecciones son la herramienta que el sistema político y el sistema económico implementan cíclicamente, para conseguir la “reproducción del sistema de poder” por otro periodo más, con los sujetos y formas que resultan más adecuados al mancomunado sistema político-económico. Y con todos los medios posibles, hasta recurriendo a inmediatos fraudes en elección federal (1988 y 2006), violencias internas y represión. Las elecciones son implementadas para asegurar la continuidad en el modo de dominación, control y contención de la sociedad, en la que se ejercen los menudos negocios económicos. Se requieren, pues, “criadas que se desmoñen” por conseguir ser contratadas para ejercer la actividad de control, contención y represión de la sociedad.

3. Probado está que ya no tiene remedio (o más remiendo) este sistema electoral y de partidos, reproductor del sistema de dominación. Los candados y mecanismos de control están bien resguardados, sólo para fingir un supuesto “gradualismo político” que pospone el derecho y la dignidad popular. La diversidad burocrática y de fuerzas internas del Estado, terminan actuando en sintonía y en la misma dirección al ser tocados sus intereses. El Estado ya es una montaña burocrática de intereses acumulados, que se amparan y defienden mancomunadamente, y que se agreden hasta con violencia para reacomodarse en las posiciones internas. Y sobre todo porque las tres cosas -las elecciones, el sistema político y el capitalismo-, representan un “modo de relaciones sociales” opuesto al de las comunidades, organizaciones y movimientos populares. Por lo que al subir e ingresar a ellas, terminan por admitirlas personalmente, y pervierten entonces las nuevas relaciones que pretendían construir. Padecen con contundencia lo que Frei Betto percibió con crudeza desde dentro del Gobierno de Luis Ignacio “Lula” en Brasil, y él lo llamó “el piquete de la mosca azul”. “Todas las formas que adoptan las relaciones capitalistas, en este caso el Estado, son la negación de la dignidad… El Estado es una forma de organización que subordina y destruye” ha escrito J. Holloway. Además, Estado y poder no son sinónimos; aunque se suban a los puestos y funciones del Estado, el poder efectivo ya se encuentra en otros “domicilios”, y al parecer mejores. Y en esos otros domicilios es donde se le debe derrotar, por supuesto que con otros medios colectivos y organizacionales de poder autónomos.

4. Entonces, nadie puede actualmente presionar, jalar o empujar a votar si antes no ha puesto el asunto en cuestión; si antes no ha analizado los verdaderos efectos y evidentes consecuencias que el tiempo y espacio de las elecciones, los partidos y el Estado, están trayendo en el espacio y tiempo de los sectores populares, sus núcleos organizados y sus movimientos sociales. A saber, división y enfrentamiento dentro de los pueblos, comunidades y organizaciones populares; verticalismo, clientelismo y corporativismo en las relaciones sociales y organizacionales; coptación y corrupción de cuadros y sujetos colectivos populares bajo las relaciones verticales en el tiempo-espacio del poder (ver localidad por localidad ahora, y en los últimos años); apropiación de acciones, historia y proyectos populares; rompimiento de las autonomías para volverlos a la anterior dependencia. En síntesis, producen fragmentación, coptación y apropiación en tres dimensiones de los pueblos, organizaciones y movimientos sociales: a) En las relaciones comunitarias construidas (identidad y reciprocidad), b) En las acciones horizontales de organización sostenidas (rotativas, igualitarias, equipos y comisiones), y c) En las capacidades autonómicas-independientes-autogestivas levemente alcanzadas.

5. Nadie puede actualmente presionar, jalar o empujar a votar, si antes no ha analizado y discutido la supuesta e ineludible bondad de las elecciones y las “opciones” partidistas para la transformación social. Si antes no ha puesto en duda el engañoso “milagro electoral” en el que se refugia y arropa la debilidad y derrota de los grupos y sectores sociales que dicen “hoy voto y mañana la sociedad ya está cambiada”. “Como si en una caja de cartón se encontrarían las soluciones a nuestros padecimientos para luego alcanzar nuestro bienestar”, dice el boliviano Oscar Olivera Foranda. Y en donde también se refugia la irresponsabilidad y flojera social, que renuncia a su pensamiento y acción organizada y transformadora, cotidiana y efectiva, “delegándola” ingenuamente en otros que ni siquiera pretenden modificaciones, mucho menos la urgente y necesaria transformación social. Porque el sistema de poder y el capitalismo no pueden ser derrotados en una jornada electoral y en un día, sino con un gran movimiento nacional o la confluencia de varios movimientos, por fuera del sistema de partidos electoreros y las instancias corporativas. “Solamente podemos conseguir un mundo mejor si estamos dispuestos a emplear nuestras energías morales para conseguirlo, y prestos a enfrentarnos con los que, bajo cualquier disfraz y arropados en cualquier excusa, prefieren un mundo desigualitario y no democrático”, ha dicho I. Wallerstein al analizar la crisis terminal que padece el sistema-mundo capitalista, y la enorme incertidumbre y creatividad social que ahora se abre durante esta primera mitad del siglo XXI.

De lo anterior resulta una simples directriz general de acción, para el periodo electoral y bajo el sistema político-económico imperante: si una persona, familia, colectivo y organización decide no participar más en las elecciones, pero no ejecuta ya una “acción cotidiana” organizada, mejor que las elecciones y los partidos para cambiar la realidad, para transformar la sociedad, estarán muy equivocados en su decisión tomada.

Estas primeras cinco tesis y la directriz general de acción, no son fruto de nueva teoría, sino de nuevas prácticas ejercidas a la par del capitalismo salvaje neoliberal implementado en las últimas dos décadas, y que creyó encontrar frente a sí mismo sólo sujetos y colectivos derrotados, divididos y sumisos. Y sin embargo, desde los años 90s le resultaron nuevos y más amplios movimientos sociales y populares que ahora plantean la superación del decadente capitalismo con autonomía, horizontalidad y comunitarismo. No sorprende la cantidad de organizaciones o movimientos, sino -a decir de Bourdieu- que “no haya más trasgresiones o subversión, delitos o locuras “, de tan irrespirable que se ha vuelto el aire. En el sur de Jalisco, está probado que los saberes amplios y diversos están abajo, entre la gente (campesinos, colonos, indígenas, ancianos, amas de casa, jóvenes, etc.), y que eso los capacita para vivir por sí mismos. Y que esos saberes no se privatizan, no se compran ni se venden; porque sólo se comparten cotidianamente y en asamblea, para incrementar las fuerzas y capacidades de sobrevivencia mutua, como organización básica o movimiento social.

6. Pero ahora, sin embargo, las organizaciones, colectivos, pueblos y movimientos populares existentes en ésta región, deben blindarse y defenderse (tomar decisiones) para no ser desvirtuados, coptados, suprimidos y aplanados con la estrategia implementada en el último sexenio, y que tiene en lo inmediato la vertiente político-electoral como coyuntura de coptación y control. Pero acompañada después del año 2000, por la proliferación de figuras “cooperativas” corporativizadas y con dependencia institucional y gubernamental; por el supuesto “fortalecimiento organizativo” con la implementación de un Organismo de Segundo Grado regional (OSG) “articulador”,[5] reforzador también de las dos figuras anteriores, encausadoras y enganchadoras hacia lo electoral y el sistema de poder (Agendas Ciudadanas y Poder Ciudadano);[6] con despliegues policiales  y tecnología de “inteligencia” instalados en localidades y puntos clave; y el ejercicio de millonarias inversiones en focalizados programas asistenciales y “emprendedores” negocios que pretenden reducir el uso del territorio, los espacios públicos y las decisiones autónomas de los sujetos locales. Punto álgido de esa estrategia será el año 2011, cuando se cierren las inversiones económicas con el pretexto de los juegos panamericanos. Veremos qué y quienes de las organizaciones y movimientos populares se blindan, sobreponen y vencen ante ésta diversificada estrategia aplanadora de las resistencias y alternativas en el sur de Jalisco; que pretende distorsionarlas, anularlas, contenerlas, controlarlas, encausarlas… o suprimirlas. O cada cosa a la vez, con cada una. Importante será conocer el cómo podrán lograrlo. Hay que caminar en sus propios pasos, y usar también las manos y los brazos en arduo trabajo. Veremos.

7. Esto pone ahora las condiciones para comenzar a entender la política -con C. Castoriadis- “como la actividad explícita y lúcida que concierne a la instauración de las instituciones deseables”; y a la democracia “como el régimen de autoinstitución explícita y lúcida, tanto como es posible, de instituciones sociales que dependen de una actividad colectiva y explícita” y que nos debe ocupar el mayor tiempo. Esta autoinstitución, “es un movimiento incontenible, que no pretende lograr una ‘sociedad perfecta’… sino una sociedad libre y justa, en la medida de la posible. A este movimiento le llamamos el proyecto de una sociedad autónoma y, llevado a su cumplimiento, debe establecer una sociedad democrática”. En este sentido, “el objetivo de la política no es la felicidad, sino la libertad. La libertad efectiva… es lo que llamo autonomía. La autonomía de la colectividad, que no puede realizarse más que a través de la autoinstitución y el autogobierno explícitos, es inconcebible sin la autonomía efectiva de los individuos que la componen”.[7] Esta política se despliega entonces hacia adentro y hacia fuera de los colectivos, organizaciones y movimientos populares, en el trayecto de ampliación de una sociedad democrática autoinstituida y controlada por diversos colectivos explícitos por localidades, regiones y territorios. Hasta conseguir una nueva ley social o constitucional, que auténticamente obligue y defienda la democracia, la libertad y la justicia en cada parte de la nación. Porque, en verdad, “la práctica es portadora de experiencias y de conocimientos propios, susceptibles de proporcionar las armas de una hegemonía alternativa. La libertad se abre paso en el seno mismo de los dispositivos de poder. Y las normas de la dominación pueden ser quebradas por una crisis y un acontecimiento que no son resultado de una necesidad del orden social, ni de la predestinación de un sujeto histórico, ni de un milagro teológico, sino de la puesta en orden de batalla de prácticas políticas afianzadas en el movimiento que tiende a abolir el orden establecido” (Daniel Bensaid).

8. Muy distinto, pues, al sistema político vigente, condicionado férreamente por el capitalismo salvaje y ya en crisis múltiple (financiera, productiva, ambiental, institucional… de dominación).[8] Diferente al Estado como forma de organización jerárquica y excluyente, que subordina y destruye la dignidad, y que internamente conforma y limita nuestro actuar transformador. Ahora sabemos con Castoriadis, que “pueden existir, ha habido y aquí se augura que habrá de nuevo, sociedades sin Estado, carentes de un aparato burocrático jerárquicamente organizado, separado de la sociedad y en posición de dominio respecto a ésta… Una sociedad sin tal Estado es posible, concebible, augurable. Pero una sociedad sin instituciones explícitas de poder es un absurdo, en el que cayeron Marx y los anarquistas”. “Pensar una sociedad sin Estado me resulta difícil, ¿puede pensarse en un Estado [resanado] que obedezca?”, pregunta un estudiante argentino. Y J. Holloway responde: “tal vez en los primeros años se pensó que la existencia del Estado podía reconciliarse con la idea del mandar obedeciendo… pero creo que tanto la experiencia como la reflexión teórica nos muestran que no es posible, porque el Estado es una forma de organización que nos excluye. Es una forma de organización jerárquica… una forma de organización que se ha desarrollado a través de los siglos con el propósito de excluir a la gente de la autodeterminación de su propio hacer… El Estado es una forma de relaciones sociales especifica, una forma jerárquica, integrada al conjunto de las relaciones sociales capitalistas. Esto quiere decir que no hay posibilidad de un Estado que mande obedeciendo”. Se resaltan entonces las existentes y potenciales formas de poder cosejista, comunal, con organismos autoinstituidos y obedientes a los colectivos reales y explícitos. “Ahora, otra forma de organización ya no sería Estado, tendría que ser consejista o comunal”, concluye Holloway.

9. Es la “democracia comunitaria”, agrega Luis Villoro. Esta sería lo contrario de la actual democracia representativa, porque en ella sólo la comunidad tiene el mando, no el individuo o los grupos de individuos; “democracia comunitaria es a la que tienden las comunidades en el ámbito de nuestra América indígena”, las zonas campesinas y en las periferias urbanas. Tendremos entonces colectivos, regiones y país con democracia, libertad y justicia verdaderas, construyéndose y ampliándose desde abajo y en la vida cotidiana. Con una potencia de expansión, adecuada a las voluntades individuales y colectivas que se hablan, escuchan y organizan cara a cara. Que preguntan y caminan, y ahora caminan preguntando y preguntándose entre sí hasta conseguir del todo su más grande objetivo: la construcción entre todos de una sociedad más justa, democrática y libre. Parafraseando al boliviano Oscar Olivera Foranda: “Somos visibles y sólo existimos, sólo cambiamos las cosas cuando nos movilizamos… eso hemos dicho, eso hemos hecho, eso debemos volver a hacer… a prepararnos a movilizarnos más allá de las elecciones, más allá de los candidatos y partidos, más allá de nosotros y nosotras”. Ya con toda la rabia que producen tantas y tan continuas situaciones padecidas. Porque, como dice Holloway, “con el grito de rabia rompemos con eso, decimos ‘¡no, no somos víctimas, somos humanos, ya basta de vivir así, ya basta de sufrir! Ya no vamos a pedir nada a nadie, ya no vamos a formular demandas, ya no vamos a esperar la revolución en el futuro porque el futuro nunca llega. Vamos a cambiar las cosas aquí y ahora… La rabia anticapitalista es una digna rabia porque rompe con la condición de víctima, porque ya tiene el deseo de otra cosa, de un mundo diferente, porque detrás de los gritos y de las barricadas hay otra cosa, la construcción de otras relaciones sociales, la creación de otro hacer, de otro amar (…) Luchamos contra el capitalismo no solamente con manifestaciones y piedras sino también (y tal vez sobre todo) construyendo otra cosa. Luchamos contra el capitalismo viviendo el mundo que queremos crear”, concientes y colectivamente decididos. Ejercitando ya esa otra política, la que deja atrás “la política de las víctimas, la política de demandas, la política de las denuncias constantes, la política de líderes y partidos y Estado. La digna rabia pone a nosotras y nosotros en el centro. Nosotras y nosotros creamos el mundo con nuestra creatividad, nuestra actividad. También somos nosotras y nosotros los que creamos el capitalismo que nos está matando: por eso sabemos que podemos dejar de crearlo. También somos nosotras y nosotros los que estamos creando la crisis actual del capitalismo, o, mejor, nosotras y nosotros somos la crisis del capitalismo“. Entonces, ampliemos las acciones y perspectivas en esta otra dirección; aunque ampliando es como aumenta el grado de complejidad y retos colectivos.

Bibliografía

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Pablo González Casanova, Lo posible y lo imposible en el capitalismo, La Jiribilla.

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Oscar Olivera Foranda, ¡Ahora sí: a luchar por condiciones dignas de vida, a movilizarnos por pan, trabajo y vivienda!, Viento Sur, 26 de enero de 2009.

Daniel Bensaid, Mitos y leyendas de la dominación, Viento Sur núm. 100, enero de 2009.

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[1] El término genérico “correlación de fuerzas favorables, desfavorables a tal o cual tendencia”, ha dicho Gramsci, muchas veces contiene el error teórico de “dar un canon de investigación e interpretación como si él fuera la ‘causa histórica’” y no las mismas fuerzas puestas en acción.

[2] “Así la democracia crece… y crecemos todos”, reza el martilleo ideológico altamente financiado.

[3] Su apuesta -aparte de un decreciente voto cautivo-, actualmente la centran en los jóvenes y las mujeres. Y un reforzador generacional, con el financiado ejercicio de “votación” infantil.

[4] “Frente a la nebulosa del futuro, a la dificultad de concebir un creíble recorrido de liberación, cada uno/a tiende a volver a aquello que conoce, a los puntos cardinales que, en el siglo XX, han orientado su modo de actuar y de pensar. Hay quien sueña con una democracia progresiva y una alianza con los sectores iluminados de la burguesía, con ventajas en las rentas y con la Fiat hacia la globalización. Hay quien se entrena en un paradójico senderismo sin sendero y quien elabora programas transitorios para una transición que no existe y que ni siquiera se puede prefigurar”, ha escrito con lucidez Lidia Cirillo al analizar las fallas en los actuales intentos de re-organización social en Europa; “justamente por el peso de la herencia del pasado, de la parte peor de la herencia del pasado”, como lo es el burocratismo de Estado. Así, ella concluye que “es inútil cambiar el nombre de las cosas si después, cuando se intenta describirlas, se parecen tanto a un partido”.

[5] El Centro de Investigación y Formación Social CIFS, Iteso, con sede en Guadalajara, Jal., formuló el año 2003 un “Proyecto Gestión del Desarrollo local Regional en el Sur del Estado de Jalisco”, como una oferta con remitente cupular. Al año siguiente -junto con el Instituto Tecnológico de Ciudad Guzmán, la Secretaría de Desarrollo Rural y la Secretaría de Promoción Económica-, se incorporó a los “Planes de Desarrollo Regional” (PDR) implementados por el Gobierno de Jalisco desde el año 2001 y que en tres años aún mostraban carencia en la “participación de la sociedad en su definición”, mejor dicho carecían “de representatividad social”. Había que “integrar” más la sociedad -actores y organismos de la sociedad civil- en un proyecto de elites, la “Alianza Regional Promotora del Desarrollo del Sur de Jalisco” (ARPD-SURJA) impulsada por el Gobierno de Jalisco y auspiciada por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Ante las seis estrategias diseñadas en esa ocasión, se mencionaba que “no sería posible desarrollarlas sin la intervención de actores externos” a la región. El 25 de noviembre del 2004, firman entonces de completa conformidad su incorporación a esta “Alianza”, en el documento titulado “Declaración de Sayula” (al lado de las firmas del Gobierno de Jalisco, FAO y presidentes municipales de la región). Por el Instituto Tecnológico de Ciudad Guzmán firmó su director general Miguel Santana Rodríguez, y como representante del CIFS, Iteso Guillermo Díaz Muñoz. Así es como algunos comisionados del CIFS, Iteso, determinaron impulsar un “Programa de Desarrollo Regional Alternativo en el Sur de Jalisco” (PDRA-SURJA) que, entre otras cosas, les permitiera generar un “modelo de DRA… replicable en otras regiones de Jalisco y del País” y entendido teóricamente como “una concertación entre los gobiernos municipales, el gobierno local y central y la sociedad civil organizada”. Y mirando cómo “la figura municipal queda limitada… el municipio es rebasado, de ahí que los mecanismos de gestión para el desarrollo deben ampliar su perspectiva”. A partir del 31 de marzo de 2007, en una actividad de diagnóstico regional, ya se mencionan 22 municipios participantes. Y en cuanto a “proyectos de apoyo”, expresan: “seguimos formulándolos por la economía solidaria y gestionando recursos con algunas instancias, como Alianza para el Campo, INDESOL, SEDESOL y FUNDAMEX”. En un documento reciente, el mismo Guillermo Díaz Muñoz desglosa el PDRA-SURJA que -a casi cinco años de la firma aquella- ya involucra grupos ciudadanos y sus redes, grupos productivos y empresas solidarias, agentes de pastoral, funcionarios públicos “democráticos” (él dice), empresarios privados con visión “solidaria” y sustentable (también él lo dice), académicos, jóvenes y estudiantes. O sea que, le parece que el proyecto está funcionado: “Este conglomerado de actores ha generado ya la constitución de un sujeto social regional (Alianza Ciudadana para el Desarrollo Regional Alternativo del Sur de Jalisco -ACDRA-SURJA) que en su momento contará, hacia fines de 2008, con estructuras territoriales, sectoriales y temáticas, por un lado, y un proyecto regional de desarrollo propio”. El pasado sábado 28 de febrero -viendo que “el tiempo electoral está en puerta”, anticipándose a la elección de los candidatos definitivos y dándose cuenta que “la estrategia debe ser aun más estrecha al momento de observar y exigir”-, llevaron a cabo un taller de análisis electoral en las instalaciones del Tecnológico de Ciudad Guzmán, en el que los 110 participantes de 14 municipios “confirmaron que la necesidad de estar activamente al lado del trabajo de funcionarios públicos es con el fin de exigir el canal que resuelva las necesidades de la comunidad, porque la política y los partidos se han alejado de la ciudadanía y esto debe cambiar”. Todo esto, pues, en el marco de la crisis de dominación general existente y que se intenta restaurar o reformar. Abriéndose “una confrontación entre proyectos, que pueden desembocar en la ruptura revolucionaria o en la consolidación de las nuevas elites dominantes” (Claudio Katz). Entonces, como lo descubre Zibechi en otras latitudes latinoamericanas, “para los movimientos ha comenzado un periodo de gran complejidad”.

[6] Llama la atención las enormes similitudes habidas entre ésta estrategia -proyecto, organismos y acciones- implementada en el Sur de Jalisco, con la ejercida en otros lugares de América Latina donde existen fuertes organizaciones y movimientos independientes. Específicamente en la zona sur de la Provincia del Chimborazo, Ecuador, donde ejerció su ministerio episcopal Don Leonidas Proaño (1954-1985). El cantón Guamote, por ejemplo, con apenas 28 mil habitantes se llenó de ONGs: 158 organizaciones de primer grado (OPG) y 12 “articuladoras” o de segundo grado (OSG) a fines de los años 90s; aparte de las ingerencias externas tanto públicas como privadas. Ver Raúl Zibechi, “El arte de Gobernar los Movimientos”, en Territorios en Resistencia, Lavaca, Argentina 2008, pp. 101-130.

[7] En este caso, como dijera Antonio Gramsci, “hay que moverse en el ámbito de dos principios: 1) el de que ninguna sociedad se plantea tareas para cuya solución no existan ya las condiciones necesarias y suficientes, o no estén, al menos, en vías de aparición o desarrollo; 2) el de que ninguna sociedad se disuelve ni puede ser sustituida si primero no ha desarrollado todas las formas de vida implícitas en sus relaciones”. Identificar y negarse ante la “forma Estado” que nos condiciona y coarta, brinda ya las condiciones para ampliar esta otra política, la de la libertad o autonomía democrática.

[8] “Podemos aseverar con confianza que el presente sistema no sobrevivirá. Lo que no podemos predecir es cuál nuevo orden será el elegido para remplazarlo, porque éste será el resultado de una infinidad de presiones individuales. Pero tarde o temprano, un nuevo sistema se instalará. No será un sistema capitalista pero puede ser algo mucho peor (aun más polarizado y jerárquico) o algo mucho mejor (relativamente democrático y relativamente igualitario) que dicho sistema. Decidir un nuevo sistema es la lucha política mundial más importante de nuestros tiempos“, I. Wallerstein, 2008.

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